domingo, 30 de diciembre de 2007

Belleza plástica



Un cisne se roba en estos momentos las páginas de la prensa del corazón internacional: es el mismo cisne hembra que días atrás se había enamorado de un bote a pedal, como los de Palermo pero con forma de cisne gigante, y que ahora acaba de abandonar a su amor mecánico por uno un poco más real. La cisne se llama Petra, y finalmente cayó rendida por otro ejemplar de su misma especie, algo más joven, que llegó al zoológico alemán de Allweter.
Hasta hace una semana nomás, la muy pajarona se las pasaba dando vueltas en círculos alrededor del vehículo para tortolitos, haciéndole sus gorjeos de apareo: esos ruidos que hacen las aves en lugar de invitar a sus parejas al cine y a cenar. Eso fue así y no presentó ningún inconveniente mientras duró el verano y el otoño. Pero ahora, con la llegada de las bajas temperaturas en el sector boreal del mundo, mientras todas sus compañeras volaron hacia climas más cálidos, la incondicional Petra se quedó junto a su amado de plástico y metal. Los guardianes del parque comenzaron a temer por ella (el lago suele alcanzar temperaturas bajo cero en esta época del año), así que acordaron trasladarlos, a ella y a su querido inorgánico, a una lagunita en el zoológico, cerca del elefante. Y entonces, casa nueva, vida nueva: la patita abandonó a su novio de estación por uno que, con un poco de suerte, le de algo más de bola.



Diario Página /12, suplemento Radar.
30 - 12 - 2007

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