Otra vez esos recuerdos que te llaman sin parar.
Que vienen como luces que se prenden y se apagan instantáneamente.
Veloces, impredecibles.
No los busco, lo juro.
Es más, los evado.
Pero regresan,
Pelean por cerrar ese espacio de luz que intento hacer en mi mente.
No es que esté tan solo,
Si pudiese elegir serías el afortunado.
Otra vez esos recuerdos que hacen que odie a la soledad.
Qué bronca siento al imaginarte ahora en los abrazos de aquel.
Suyo incondicionalmente. O no.
A veces siento que estos recuerdos son pedazos de esperanza.
Por qué no creerlo. Si llegaste hasta ahí es porque es posible.
Sí, esperanza.
Totalmente incierta.
Estúpidamente consoladora.
Qué fácil sería deshacerme de estos recuerdos si fueran materiales.
Desearía que lo fuesen.
Verte arder entre las llamas del olvido.
Pero prefiero vivir en la espera.
Espera activa, claro.
Porque no me rendiré tan fácil.
Otra vez esos recuerdos que te llaman sin parar.
Y feliz fiesta patria.
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