domingo, 24 de abril de 2011

El toro por las astas


La verdad es que no los entiendo. Lo dije en twitter, se lo dije a mi padre, a un amigo, lo repito bastante seguido: no entiendo a los hombres. Teóricamente somos las mujeres las complicadas, no? Bueno, no. Yo tengo una dificultad: NO LOS ENTIENDO MUCHACHOS. ¿O será que, en realidad, no quiero entenderlos? Paso a contar.
Charla seria con un ex. Un ex serio, de esos que pesan, de esos que cuesta olvidar. Sus respuestas: 'yo sigo hablando en terapia del tema -la ruptura de nuestra relación-, me sigue moviendo cosas muy profundas', mientras se le ponían los ojos vidriosos. Bueno, fantástico. ¿Y entonces? Nada, eso.
Una semana después: mail del susodicho con un link. Un mail buena onda, simpático -incluía 'caritas felices'- al que yo contesto, también con buena onda, pero sin ánimo de recibir respuesta. Pero, oh! Recibo respuesta. Entonces: ¿por qué responder un mail que no era necesario responder, sino que, al contrario, la respuesta denota voluntad de continuar la charla? Un misterio de la humanidad.
Otra semana después: mi cumpleaños. 19.30: llamada del infame. Justo en ese momento estaba con unas amigas, por lo que el infame, también simpáticamente, me dice que 'hablamos en un rato', a lo que yo contesto: 'dale, llamame'. JURO que no sonó a mujer desesperada. Fue un 'llamame' sugestivo, intrigante, misterioso casi -¿habrá entendido eso él? Probablemente no, pero bueno, la intención estuvo. ¿Y? No me llamó. Pero, hete aquí que yo sabía que no me iba a llamar. Suponía que iba a hacerlo un par de días después .. pero tampoco. Entonces tomo la iniciativa: sms para un café. No, no puede, se está por ir a una quinta. Vuelve en unos días, arreglamos para ese día? Propone él. No, mejor hablemos directamente ese día -como para no parecer una arrastrada y simular 'ocupaciones múltiples'. Ese día me llega sms del infame: 'Llegué. ¿Querés hoy o en la semana?'. 'Como quieras, estoy leyendo en un café de por acá, si querés ..', 'bueno, en '20 estoy ahí'. En '30 llega. Se sienta y 'estoy medio justo de tiempo, en '30 me tengo que ir'. WTF, ¡¿para qué viniste?! A la media hora ofrezco llamar al mozo y pagar pero no, se puede quedar 10 minutos más. ¿La charla? Nimiedades, una detrás de otra: qué tal la facultad, el trabajo, la maestría, el fin de semana en la quinta. Y todas preguntas mías. ¿Él? Una sola y también irrelevante. Nos vamos, caminamos juntos hasta la parada y chau. Listo, that was it.

A ver, sí .. en un punto es concluyente este último encuentro. No pasó nada, no salió -ni nadie sacó- tema importante, no hubo revelaciones ni actitudes a interpretar. Pero, entonces, ¿por qué accede al café? ¿por qué manda mail y responde y sigue respondiendo? ¿por qué le sigue moviendo 'cosas muy profundas'? Quizá le puso fichas a la chica con la que 'se estuvo viendo' -su respuesta a mi pregunta, en el día de la charla seria, '¿estás saliendo con alguien?'.
Sí, quizá todo resulta bastante concluyente. Quizá simplemente tengo que cerrar y move on. Sucede que no quiero. Sucede que -y aunque suene apresurado y loco y descabellado y todo eso- es alguien con quien logro proyectar mi vida. Es la persona más parecida a mi que conocí. Y, tal vez, eso no es demasiado bueno o tal vez sí, no lo sé. Pero eso, la similitud, en este momento de mi vida, me resulta importante y no la quiero perder.
¿Tomo el toro por las astas? Uf, ¡qué golpe que me voy a dar contra la pared! Pero supongo que es mejor que quedarme con la duda de si sí o si no.

Y después dicen que los hombres no son histéricos. ¡Pero por favor!

1 comentario:

Anónimo dijo...

La pregunta del millón, eh...
Me pasa algo similar. Aunque por otro lado pienso que tal vez no sea tan bueno que seamos tan parecidos. Y la ambigüedad esta que me genera la situación me molesta. Y también me molesta cuando me doy cuenta de que quizá todo lo que me atrae de él son cosas superficiales.
Qué difícil resulta identificar algunos indicios de nuestro futuro, ¿no? Pero, en definitiva, es lo más lindo de todo esto. Así de masoquista.