domingo, 24 de abril de 2011

Pascua infame


Fin de semana largo. Pascua.
Jueves: empanada de vigilia = masa de hojaldre = toneladas de manteca = colesterol subiendo.
Viernes: huevo de pascua = chocolate = colesterol aún más arriba.
Sábado: más huevo = más colesterol.
Domingo: comida peruana -rituales católicos a flor de piel, que le dicen-, todo frito + huevo de pascua = para qué seguir midiendo, que no se debe ni ver de lo lejos que está.

Y a todo esto, un té irresumible -o no tanto- con el infame.

La sonrisa del día: un intercambio tuitero con alguien que no conozco, pero que gracias a la asidua lectura de su blog, es como si conociera. [Ahora que lo pienso .. ¡qué fácil sacarme una sonrisa! O no, en realidad no - amargada!].

Y, obvio, ahora, el insomnio. Siempre presente, siempre ahí. Y lo que se me cruza por la cabeza, también obvio, el infame. ¿Cómo estaba vestido? Las zapatillas las compramos juntos, el jean también, el pulóver también, la campera: un regalo mío de cumpleaños -en realidad era otra campera, pero él la cambió por la que tenía puesta hoy-.
Loco, no?

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